Los juegos de cartas tienen una historia milenaria que se remonta a China durante el siglo IX. Las primeras referencias documentadas muestran que las cartas se utilizaban originalmente para propósitos divinos y educativos antes de convertirse en herramientas de entretenimiento y apuestas. Durante la Edad Media, los juegos de cartas se propagaron hacia Persia, el mundo árabe y finalmente a Europa a través de España e Italia en el siglo XIV.
La baraja estándar de 52 cartas que conocemos hoy fue establecida en Francia durante el siglo XV, incorporando los cuatro palos que representaban las clases sociales: espadas (nobleza), corazones (clero), diamantes (burguesía) y tréboles (campesinos). Esta estandarización fue crucial para la difusión de los juegos de cartas en toda Europa y posteriormente en América.
Con el surgimiento de los casinos en Venecia durante el siglo XVI y su expansión posterior a Mónaco y otras ciudades europeas, los juegos de cartas se convirtieron en el entretenimiento principal de la aristocracia y la clase acomodada. Los juegos como el Baccarat, desarrollado en Italia, y el Blackjack, que evolucionó del juego francés "Vingt-et-Un", se establecieron como clásicos de casino que perduren hasta hoy.